A favor de las Tres Causales

A favor de las Tres Causales

Por: Pedro M. Fernandez 

Dado que en el contexto actual existen posturas a favor y en contra de la despenalización, en tres causales, de la interrupción del embarazo. Se hace necesario preguntarse: ¿Por qué legislar en favor de las tres causales? ¿Por qué las personas creyentes defienden dicha legislación? 

Es un hecho que esto puede sonar raro, porque la posición oficial de la mayoría de autoridades dentro del cristianismo católico y de las diversas tradiciones protestantes siempre ha sido en contra. Sin embargo, hay que recordar que en ningún grupo todas las personas están de acuerdo con todo lo que promueve el grupo como colectivo y en nuestro caso particular (la religión cristiana), aparte de lo que dicen nuestras autoridades, la principal autoridad es la Biblia y dentro de ella, Jesús, quien es nuestro modelo a seguir. 

De modo que, más allá de la opinión particular, lo que nos preguntamos es ¿qué dice la Biblia y en ella, Jesús, sobre el aborto y si se condena la práctica? 

La Biblia no condena este tema. Tampoco, de forma literal, no podemos encontrar en la Biblia una postura a favor o en contra del aborto, lo que sí podemos es realizar algunas inferencias lógicas, a partir de los datos que se nos proporcionan sobre en la relación y el trato de Jesús hacia las mujeres y niños y niñas. 

Para Jesús los niños y niñas son sagrados (Marcos 10.13-16), únicos dignos del reino de Dios. Cabe notar que la interrupción del embarazo en tres causales no atenta de ninguna manera en la niñez, como si lo hacen muchas de nuestras políticas públicas y prácticas religiosas que se desentienden de los mismos una vez nacen. 

Por el otro lado, están las mujeres, las cuales, para Jesús, tenían el mismo valor que los hombres y, por consiguiente, el mismo derecho a decidir lo que fuera mejor para ellas mismas sin ser penalizadas por ello. El punto es que si, si la vida de una mujer o niña embarazada corre riesgo, no tenemos ninguna base bíblica para pensar que hay que dejarla morir si es necesario, por salvar al embrión o feto. Esto se parece a la actitud hipócrita de los fariseos que “cuelan el mosquito y se tragan el camello” (Mateo 23.23-24), porque no pueden concebir que se interrumpa el desarrollo del feto o embrión, pero no les inmuta que muera la mujer o la niña. 

Igual que como Jesús critica la actitud de los escribas y fariseos de aquel momento, hoy vemos con preocupación que la vida de una mujer o una niña valga menos que la de un feto o embrión. O que se prefiera sacrificar la salud mental y social de una niña o mujer antes que interrumpir el embarazo. O el hecho de que, aunque no haya forma de sostener la vida del feto fuera del útero, se tenga la obstinación de querer que nazca a cualquier costo, incluso cuando ponga en riesgo la salud de la mujer o niña. En todos estos casos es lógico inferir que Jesús se habría puesto a favor de la vida, la salud integral y el derecho de decidir de la niña y de la mujer, porque así lo hace en muchas ocasiones en su trato con las mujeres (Marcos 5.21-43; Lucas 7.36-50; Juan 8.1-11, entre otros)

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