Aborto y libertad de conciencia

Aborto y libertad de conciencia

Por: Susi Pola

Soy feminista, bautizada católica y practicante, de una familia creyente, ex alumna del Instituto de María Auxiliadora, IMA, en la Patagonia Argentina, donde cursé todos mis estudios primarios y secundarios, vividos en el ambiente salesiano que inspiraron mi sensibilidad social y me formaron para una conciencia propia capaz de decidir entre el bien y el mal.

Esa educación y mi familia primaria, fueron determinantes para ser capaz de entender y valorar el libre albedrío como la facultad que tenemos de querer o no querer, y como la libertad de decisión personal, eje de la vida. La conciencia guía todas nuestras actuaciones, por eso la importancia de formarla para la libertad que, como decía León XIII, es “el bien más noble de la naturaleza, propia solamente de los seres inteligentes, que da al hombre (y a la mujer) la dignidad de estar “en manos de su propia decisión” y de tener la potestad de sus acciones”. (León XIII, Libertas Praestantissimum, DS 3245; CE 63/1; DP-II 225/). Además, en la tradición católica la libertad de conciencia es un principio fundamental de la dignidad humana y uno de los documentos del Vaticano II, Gaudium et Spes (Gozo y esperanza), dice entre otras cosas, que la decisión del número de hijos “depende del juicio de los padres”.

Creo en la necesidad de despenalizar el aborto por eximentes, tal como se apuntó en las observaciones realizadas a la modificación del Código Penal a finales de 2014 y 2015, precisamente por ser católica, por creer en la posibilidad primaria de las personas para determinar sus propias acciones. Aquellas mujeres con un embarazo y en riesgo de muerte, o víctimas de violación -a veces por su propio padre-, o cuando llevan en su vientre un producto invivible, que quieran seguir su gestación, tendrán el respeto a su decisión.

Sin embargo, lo que no me parece ético ni moral, y sí violento y contra todos los principios cristianos, es imponer arbitrariamente la obligación de morir, física y emocionalmente a todas las mujeres que se encuentren en ese trance, sin considerar el derecho cristiano a su propia decisión. 

Dentro de la Iglesia Católica, teólogos y teólogas, así como buena parte de la feligresía creemos en una fe liberadora y respetuosa, que alienta a la humanidad oprimida -y las mujeres lo somos- con la que se puede entender a Jesús de Nazaret y a una iglesia de los y las pobres, bastante alejada de Roma por mucho tiempo.

Por ser creyente, sé que las leyes que prohíben totalmente el aborto, atentan contra la libertad de conciencia de las personas.

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